Estoy pensando en la incertidumbre que pueden tener actualmente muchos Argentinos. La angustia en su cabeza por la amenaza del desmoronamiento de su bienestar actual. Es la duda que tenemos todos, no solamente sobre el futuro, sino también sobre el mes siguiente. En todo el esfuerzo que hacemos para mantener la calma y el aplomo ante una avalancha diaria de malas noticias. En la necesidad de tener ese lotecito interior, muy protegido, al que acudimos muy a menudo, para poder evitar que se nos contamine el oxigeno del todo.
Siempre me quejé de que en Rep. Dominicana nunca me tocó vivir un momento histórico, de golpes de estado, de guerras civiles, de razones para formar un movimiento social, razones mas poderosas que las que teníamos los jóvenes para tirarle piedras a los policías en la UASD. Vivir un ideal con toda el alma. Yo siempre pensé que vivía en un tiempo muerto en el que nos movíamos hacia adentro viviendo la suerte de cada uno. "Estudiar y trabajar"... seguir el mismo camino que se nos dibujó en la cabeza desde pequeños.
Así se deben sentir muchos jóvenes Argentinos, españoles y griegos. Esta Maldita crisis les jodió su vida plácida, su hipoteca y sus vacaciones de verano. Pero yo no puedo sentir lo que ellos sienten, aunque también a mi me afecta la crisis. No puedo porque yo vengo de otro lugar. Un lugar donde desde que nací vengo escuchando las mismas palabras y crecí sabiendo que las cosas pueden cambiar de un momento a otro y que lo único que se puede hacer es adaptarse...
Y de pronto se que hay algo que nos preocupa a todos... y esa preocupación nos lleva a replantear muchas cosas. Como que con el tiempo dejemos de formarnos en pequeñas islas como el grupo familiar, o los amigos, la vida social, el gimnasio, y nos encontremos simplemente en esta masa de tierra continental que busca girar en un sentido distinto.
Toda esta inercia no podía ser eterna.
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