lunes, 11 de junio de 2012

...Mis Rasgos Interculturales...


Nosotros, los separados. Los que vivimos en ese territorio que algunas veces late para recordarte que no es tuyo del todo. La sensación de sentirte que estas inflirtrado en una realidad distinta y es ahí que te percatas que estas viviendo una parte de tu vida que no estaba en tu libreto, te gana una sensación poderosa. Ciertamente es parecida a una hoja en blanco donde puedes improvisar garabatos sin temor a que alguien los vea.
Es como si las cosas pasaran en una especie de realidad, menos real, por decirlo de alguna manera... Como si el solo hecho de  interactuar, escuchar y tratar con personas de maneras tan distintas de ser, hagan que esas frases, así dichas de esa forma, no tengan la misma intensa realidad que las que escuchamos en nuestra propia jerga, con nuestro propio acento.
Esto tiene muchos significados: es como un espacio donde las diferencias hayan puntos de encuentro en esas personas de allí que  tratan de descubrirte, que dejan que entres en tu manera de ser y tu forma de decir las cosas, y es entonces cuando uno se lo empieza a creer un poquito...
Mi Dominicanidad, que nunca puedo contener en el cuerpo, se me sale, en medio de las formalidades y las distancias porteñas, simplemente se deja fluir. 

Ciertamente el resultado de esos gestos y palabras que uno deja salir tan espontáneamente suelen ser bastante lindos. Los celebran como algo muy inusual y les dan un valor!. 
Quizás no lo demuestren como nosotros lo haríamos pero te das cuenta luego. Dan ternura porque es comos si tuvieran pudor de expresar su aprecio.
La diferencia que noto en mí, porque uno claramente se adapta, se empieza a ver al ritmo de los demás, del trabajo, de la ciudad, uno se conectan a la manera en la que se camina, se saluda, se piden las cosas, se interactúa.
De repente me veo super abrigada, paraguas en mano, en medio de la ciudad en una fría y lluviosa noche y la verdad me cuesta reconocerme. Esos son los instantes en los que me siento dentro de un vestido ajeno. Y trato de acomodarme y de ajustarlo con pinzas, pero cuesta. Otras veces, sin embargo, es encantador verse desde afuera y sentir que se tiene la posibilidad de reinventarse como queramos.

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